martes, 3 de marzo de 2015

COMANDANTE AMIGO…
Ya van dos años de la partida de Hugo Chávez Frías y parece que fuera ayer; vaya pues este modesto homenaje tatuado en la web para todos los corazones de latir patrio, así como para las y los destinatarios de todos los tiempos:
YO LO VI DE CERQUITA…
-Desnudo de cuerpo pero rico de alma.
-Es una paleta de colores hasta con el color de la esperanza.
Ella en solemne silencio escuchaba…
-Una sonrisa hasta en la adversidad, convencido de que se puede.
-Sus huellas dactilares están recubiertas de ternura y terquedad para estar en la vanguardia.
Ella en solemne silencio escuchaba…
-A cada pétalo que se quedaba en el camino, le nacían miles de flores.
-La algarabía de la chiquillería le hacía volar sobre los tiempos terrenales.
Ella en solemne silencio escuchaba…
-Tu venganza hacia la oscuridad del pasado eran muchísimas y vibrantes aulas de clases abiertas con grandes ventanales.
No hubo camino, trocha o avenida en la Venezuela en la que no dejara su huella.
-Yo lo vi! Yo lo vi!
Cada quien narraba los detalles del encuentro, las pinceladas en el lienzo de la conversación daban todos los colores del trazo aéreo del arco iris.
Ella en solemne silencio escuchaba…
Cada oportunidad como esas quedaban apostilladas en la memoria de cada quien como acto fehaciente de vivir en una época.
Las voces de la tertulia se fueron callando como se apaga la llama de una vela, quizás reservándose cada quien, quizás guardándose cada quien, lo mejor de cada anécdota en el deleite del recuerdo.
Pero su pecho no aguantó más…y estalló como un tierno volcán, con voz trémula pero audible con la incontenible lava que la quemaba por dentro, dijo breve y concisa con la mirada brillante:
-Yo lo vi y lo veo todos los días cerquita de mí.
Pidió permiso a las y los presentes,
se fue a la cocina, la siguió su nieto que retoñaba, lo complació y lo cargó, éste le secó las lágrimas con sus manitas  y le dijo mitigando su dolor: -abuelita…
Sabes? Le dijo ella como aspirando fuerza y arropándolo con toda la protección del mundo en sus brazos:
-él me inspiró para aprender a leer y a escribir, ahora sé para donde voy en la vida…
La dulce ternura hecha niño, le requiere una respuesta por segunda vez: Quién abuelita?
Ella vuelta a la realidad le brota la voz del alma:
Niño, es él –señala un afiche- el Comandante Chávez.
-Vamos, vamos –trata de entusiasmar al crío- que esperan por el café.
 Ella con un profundo suspiro le confiesa con entusiasmo a su nieto como si fuera un sagrado secreto:
- Sabes? Chávez huele a café… huele a libro…

Gaspar Velásquez Morillo

Caracas, 03 de marzo de 2015.

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